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UN
VIAJE FASCINANTE POR CHINA
Por el doctor Adrián Sapetti, psiquiatra y sexólogo.
Debido a que debí participar
en el Congreso Mundial de Sexología –donde
me otorgaron el premio al mejor trabajo clínico
por una investigación con
64 pacientes con disfunción eréctil tratados
con Sildenafil (Viagra)-, en
Hong Kong, es que tuve la oportunidad de conocer la
China, si es que se
puede decir esto habiendo conocido algunos pocos lugares.
Llegué a la isla con algunos preconceptos: que
era una ciudad violenta y peligrosa (la mafia china,
los films de Bruce Lee y el inolvidable Buster Keaton,
en “The cameraman”, hicieron lo suyo), con
focos de intensa pobreza coexistiendo con otros de enorme
riqueza. Pero encontré una isla con playas y
sierras tropicales, a la cual se me ocurrió ver
como una mezcla de Río de Janeiro, New York (con
una bahía mucho más bella que Manhattan)
y Ciudad del Este, pero más limpia, ordenada
y segura y...llena de chinos.
De pobreza vi poco. Con medios de transportes envidiables:
trenes bala, subtes por debajo del mar donde nadie te
vende nada ni te dan estampitas, modernos buses, veloces
ferrys, pintorescos tranvías.
Entre tantas cosas sorprendentes que conocí en
Hong Kong para mí una de las experiencias más
conmocionantes fue caminar por el mercado popular, que
está a dos cuadras del distrito financiero que
deslumbra con edificios monumentales, como el Koala
Building o el Bank of China, construido por el mismo
arquitecto que diseñó la pirámide
del Louvre.
TODO BICHO QUE
CAMINA...
Caminar por allí es como salir del siglo XXI
y pasar al siglo XVI, donde se mezclan la venta de ropa
con casas de té, comederos populares con chinos
haciendo los rituales budistas en la calle, entre rezos
e inciensos, casas de medicina popular china con vendedores
de culebras.
Dicen que cuando un chino se confronta con algo que
no vio antes o no puede entenderlo el primer impulso
que tiene es comérselo (cosa que juro no ocurrió
con ninguno de nosotros). Esta afirmación, o
cuento chino, avala esa otra que dice que “todo
lo que tiene cuatro patas –menos la mesa- lo que
nada y lo que vuela va a parar a la cazuela”.
No he visto en ninguna parte la variedad y exquisitez
de las diversas comidas chinas, pero tampoco he pensado
que se comieran las cosas que se ven en el mercado como
por ejemplo:
• Patas de oso
• Enormes palanganas llenas de sapos que nos
miran horrorizados como pidiendo que no los elijamos.
• Culebras y anguilas vivas prestas a ser despellejadas.
• Lagartos.
• Gordos gusanos de seda que se mueven ante
nuestros ojos.
• Aletas de tiburón.
• Gorriones y sus nidos (a los que los chinos
atribuyen otorgar longevidad debido a la saliva que
utilizan para ligar las ramitas).
• Todo tipo de pescados vivos y desecados.
• Cangrejos, gusanos de mar, caracoles, algas,
langostinos que saltan de los callejeros piletones,
almejas que te salivan al pasar.
• Pequeños ratoncillos recién
nacidos (buenos para las úlceras).
• Patos, patitos y palomas.
• Animales desecadados.
• Patas de gallina.
• Orejas de cerdo
Todos estos alimentos y las verduras que se les ocurran,
se mezclan con los olores y colores más inusuales,
en un clima tropical.
Si me preguntan por los perros y gatos, que no abundan
en las calles, sólo puedo decir que las leyes
en Hong Kong prohíben la venta para comérselos,
cosa que no ocurre, enfrente, en Cantón. Uno
de los manjares más exquisitos, además
del pato laqueado o pekinés (una especie de taco
mexicano pero de pato) es el cerebro de mono (comido
directamente de la calota craneana del simio recién
sacrificado), plato caro y preciado si los hay. La primera
impresión fue de asombro: ¡pero qué
están viendo mis ojos!, mezclado con un cierto
rechazo.
Pero luego pasé a una etapa de admiración:
¿por qué no?, ellos supieron conocer,
y duramente, las grandes hambrunas y nada, pero nada
se desprecia y se deja de comer. Y hoy en las dos Chinas
se ha conseguido que, por lo menos, el arroz lo tengan
todos los millones de habitantes. Luego que a la cacerola
le echen las cosas más inimaginables para nuestra
mentalidad occidental es cosa de chinos y sólo
a ellos les atañe.
Recuerdo una noche en Beijing, luego de ser agasajados
en un exquisito restaurante con diversas, coloridas
y sabrosas variedades de comidas (entre otras el famoso
pato a la laca) un mozo se me acercó diciendo:
“profesor, ¿gustaría un tónico
vigorizante?”. Asentí halagado. Mas luego
vi que se disponían a sacar dicha bebida espirituosa
y afrodisíaca, de un ánfora de vidrio,
donde yacían sumergidos en alcohol un lagarto
despanzurrado, una rana, algunos gusanillos, una gran
raíz blanca de ginseng, porotos y yuyos varios.
Ante lo cual sólo atiné a decir que era
miembro de la liga antialcohólica.
Por supuesto, nadie se verá compelido a comer
lo que no le guste mas sí puedo decir que en
algunos restaurantes de Hong Kong o de Kow Loon (los
llamados “Nuevos Territorios” de la China
continental), hemos sido atendidos como nunca antes,
rodeados de un refinamiento y presentación de
la comida -acompañada por humeantes teteras de
exquisito té de jazmín- como no se ve
muy seguido por nuestra tierra.
Algunos tratamientos
de la medicina tradicional china también tienen
que ver con la incorporación oral de todo lo
animal, vegetal o mineral: así se anuncian como
curativos enormes hongos, bilis de oso, genitales de
animales domésticos en primorosas cajitas (allí
me dijeron: “¡es como el Viagra, doctor!”),
hipocampos desecados, cuernos y colas, serpientes y
lagartos; tradición milenaria a la cual, inteligentemente,
le suman los avances de la medicina occidental (China
es el primer productor de medicamentos genéricos
del mundo) con las hierbas, la acupuntura, el masaje
shiatsu y la moxabustión.
LOS INOLVIDABLES TEMPLOS BUDISTAS
Hong Kong es una ciudad segura y con excelentes medios
de transporte por lo cual uno puede delinearse sus propios
derroteros y vivir la emocionante experiencia de visitar
los templos budistas; entre ellos hay uno que está
en Shatin y que se llega muy rápido en tren:
El Templo de los 10.000 Budas es un lugar mágico,
con los monjes entonando sus cantos, en una sierra florida,
entre esculturas que representan deidades y una espiritualidad
sobrecogedora. Justo al lado de este templo hay un cementerio
muy impactante, muy distinto a los nuestros, donde la
gente va a agasajar a sus deudos comiendo al lado de
los nichos y donde les dejan –como ofrenda- comidas
y bebidas.
Precisamente algo que fue una vivencia inolvidable fue
visitar la isla de Lantau, donde en el templo de Po
Lin se encuentra el Buda exterior más grande
el mundo, forjado en bronce y luciendo en su pecho una
impactante cruz gamada (de la cual sabemos los nazis
tuvieron la triste idea de tomarla como símbolo
siniestro, en cambio para el budismo representa la rueda
incesante de la vida) sentado en actitud de rezo, sobre
una enorme flor de loto. La isla de Lantau es un rincón
tropical, con montañas y bellas playas (otra
vez recordando al Brasil) con el hermoso remate de ese
lugar de ensueño con el Buda que vemos y que
nos ve desde la cima de una colina, al final de una
larga y empinada escalera bordeada de flores. Este es
uno de los lugares del mundo que recuerdo con mayor
emoción.
CONSEJOS ÚTILES: COMO SOBREVIVIR EN LA MILENARIA
PEKÍN
- Paseen sin miedo, Beijing
no es ni Buenos Aires, ni Río ni Bogotá.
- Siempre salgan con la dirección
de destino y la del hotel donde paran, escrita en
ideogramas chinos: los pekineses son amables, discuten
entre ellos, uno los mira entre divertido y aterrorizado,
pero no pasa nada, te ayudan: para eso mejor darle
algo escrito.
- No compren en las Friendship
Stores (Tiendas de la amistad): las cosas son las
mismas que en la calle o en los hoteles pero son más
caras. No se olviden de regatear por debajo de la
mitad de lo que piden, es un verdadero deporte nacional
y ellos esperan que uno lo haga
- Lleven calzado cómodo
porque, tanto en la Ciudad Prohibida como en el magnífico
Palacio de verano o en las subidas de la Muralla,
tendrán que andar mucho.
- Si pueden, lleven melatonina
desde la Argentina, para evitar el jet-lag, o sea
la alteración del sueño por el viaje
transmeridiano (son 12 horas de diferencia); dejen
el primer día de llegada para descansar porque
no estarán en condiciones psicofísicas
para tomar decisiones. Nosotros, en la primera noche
de llegada y siendo las 20 horas, nos quedamos dormidos
sin comer. La melatonina ayuda a mitigar el jet lag,
por eso la toman los pilotos, no necesitan receta:
es de venta libre. También es importante exponerse
a la luz del día.
- Despojarse de la mentalidad
del bife de chorizo, el dulce de leche y el mate.
Entrarán en la tierra que inventó el
fideo (“mien”), que tiene exquisitos tés
(“cha”) que incluso los sirven durante
los distintos platos y siempre sin azúcar;
con una variedad de comidas inusitadas: jamás
soñaron ver tantas cosas saltando en la cacerola
y vale la pena entrar en los restaurantes chinos y
hacer la experiencia de que a uno le traigan cosas
que en la vida imaginaste que se podían echar
en la olla. Nunca sufrimos ninguna indigestión.
De último se deleitan con la comida japonesa,
que es excelente, o la internacional de los hoteles.
- La presencia de guías
que hablen español es importante porque así
uno se va familiarizando con las costumbres y modos
de vida de ellos. Estos guías son muy amables
y contestan todo lo que se les preguntan (también
les contarán varios cuentos chinos).
- A los templos Budistas, Taoístas
o Confucionistas les recomiendo que vayan sin guías
así se pueden quedar todo el tiempo que quieran,
en recogimiento, meditación y asombro. Los
templos en China son lugares mágicos, emocionantes
para todo espíritu viajero y sensible a las
manifestaciones de la arquitectura, el arte y el sentimiento
religioso.
- Los taxis son económicos
pero el embotellamiento de Pekín supera cualquier
cálculo: ténganlo en cuenta para calcular
horas de llegada. Nuevamente: no se olviden de llevar
anotada la dirección del hotel escrita en ideogramas
chinos; los taxistas no hablan ni lunfardo ni inglés,
con los gestos: bien, gracias.
- En verano hace mucho calor
y el invierno es crudo y frío.
- Hay zonas de bares nocturnos
donde van los turistas y se puede comer o tomar una
cerveza con buena onda.
- Si pueden ampliar la visita
no dejen de viajar a Xian, donde están los
famosos Guerreros de terracota: es un enorme ejército
de esculturas de cuerpo entero, visitadas por todo
el mundo.
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