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China
2001: El sacrificio por la belleza
por la licenciada Martha
Satne
Hay incontables contrastes que muestran los cambios
que viene
sufriendo China en estos últimos 20 años,
uno de ellos es el que concierne
a la mujer.
Mientras durante la Revolución Cultural, la mujer
escondía su cuerpo y
sus formas dentro de los pantalones Mao, las hijas de
aquellas mujeres hoy se muestran desesperadas por tener
pechos más grandes.
He tenido oportunidad de conversar con algunas jóvenes
chinas, estudiantes avanzadas, tanto de la capital como
de ciudades del interior, una de ellas, de 1.72 de estatura,
muy por sobre la media del lugar, con 52kg de peso,
se piensa a sí misma como que es muy grande en
algunas partes de su cuerpo pero demasiado pequeña
en otros.
Su madre, preocupada, desilusionada, comenta que su
hija se ha hecho cirugía plástica para
aumentar sus pechos, su ilusión esta mas bien
centrada en los estudios que su hija pueda hacer para
triunfar en una sociedad que se vuelve cada día
más competitiva. ¿Quién es esta
madre?: no es una mujer china de aquellas a quienes
se le vendaban los pies para conservarlos pequeños,
tal la señal de belleza durante el Imperio, ella
es una de los cientos de millones de mujeres quienes
nunca usaron otras ropas que no sean pantalones, ni
supieron de maquillajes o al menos una crema para mejorar
sus manos.
Hoy, su hija, es su opuesto. En aquellos días
en que Mao daba las pautas a seguir, ser poco atractiva
e incluso ordinaria pero saludable, era lo bueno, lo
aprobado por la sociedad. Hoy, esta niña sueña
con ser alta, esbelta, su éxito profesional y
la posibilidad de hacer dinero, están vinculadas
con su aspecto estético.
No es la única, la mayoría de sus compañeras
y amigas quieren tener sus bustos más grandes,
reducir sus muslos (pequeños si los comparamos
con los occidentales), enderezar y agrandar sus narices
o modificar sus párpados. Dicen estas jóvenes:
“un bello cuerpo es un pasaporte. Nos permite
atravesar las puertas mas vedadas para alcanzar el sueño
de nuestra vida”.
Actualmente la cirugía estética es un
negocio en amplio crecimiento, una de las especialidades
de los jóvenes médicos. Los que logran
tener reconocimiento en la especialidad, tienen largas
listas de espera, llevando adelante varias operaciones
diarias.
Mientras sus hijas toman estos caminos, los padres se
muestran sorprendidos, preocupados pero por sobre todo
han perdido la capacidad de comprensión del fenómeno
que atraviesa esta joven generación. Se preguntan
porqué la mayoría de estas niñas
no están satisfechas con lo que la Madre Naturaleza
les ha dado al nacer.
Algunos estudios hechos por profesionales preocupados
por estos fenómenos, dicen que las jóvenes
mujeres chinas quieren ser más femeninas que
sus madres, quienes se vieron obligadas a embolsarse
en los trajes Mao, sin opción, azul para los
civiles, verde para los militares. Hoy, con minifaldas,
shorts, pequeñas blusas en colores brillantes,
con lentejuelas y mostacillas pasean mostrando sus cuerpos
en lugar de esconderlos.
Si consideran sus cuerpos poco agraciados, o no logran
que la imagen soñada coincida con la lograda,
no dudan en cambiarlos aunque para ello deban someterse
a cirugías de todo tipo. Todo presiona en esta
línea, las propagandas, avisos callejeros, las
actrices y modelos con cuerpos supuestamente perfectos
son altamente demandadas para cubrir las tapas de revista,
chinas o extranjeras, sus ingresos son mucho más
altos que las secretarias aunque ellas hablen otros
idiomas y las modelos no. Frente a esto: ¿cómo
combatir el deseo de las jóvenes de ser ellas
también figurines triunfadores? ¿Cómo
evitar que las mujeres aspiren a mostrarse y verse a
sí mismas más sexys?
Las grandes marcas de cosmética prometen curas
milagrosas, borramiento de arrugas, piel durazno en
lugar de piel naranja, cutis blancos, sin manchas, transformar
en voluptuosas ciertas partes del cuerpo mientras adelgazan
otras, asegurando además que los cambios son
naturales, sin resultados negativos; y si todavía
nos queda alguna joven que se resista al bisturí,
las opciones ”naturales” tomarán
las formas de la medicina china: pociones mágicas
para perder grasa, ropa interior adecuada a cada necesidad,
jabones y cremas, masajes manuales o eléctricos…
En los últimos años se han abierto innumerables
lugares para que las mujeres puedan acceder a tratamientos
de belleza, pérdida de peso, modelación
de sus cuerpos, etc.
Pero, porqué estas mujeres, jóvenes profesionales
en su mayoría, ponen tanto acento en su imagen
externa, quizás uno de los factores a tener en
cuenta es que la cultura de lo masculino todavía
impera, las jóvenes siguen pensando que la felicidad
la encontraran en algún hombre y que para conquistar
y satisfacer al “Superhombre” ellas deben
ser perfectas, ser la “Supermujer”.
Paralelo a estas mujeres que pierden peso para sostener
una imagen ligada a lo estético, la obesidad,
enfermedad desconocida hasta hace poco tiempo en China,
comienza a alcanzar cifras alarmantes, la ingesta de
dulces y grasas saturadas, se incrementa con la entrada
de la comida de Occidente, McDonalds, Pizza Hut pasan
a ser los preferidos, especialmente en la infancia.
Serias contradicciones enfrentan a la sociedad hoy:
por un lado la obesidad, las estadísticas del
Ministerio de Salud hablan de 70 millones de personas
con sobrepeso; por el otro empresas buscando un staff
de empleados de ”buena presencia”, es decir
delgados, elegantes, que provoquen impacto.
Cómo acceder: haciendo dietas que al igual que
en occidente, llevan demasiado lejos: la anorexia y
la bulimia comienzan a manifestarse, el objetivo es
entrar dentro del vestido varios talles más pequeños.
Todo es poco para este desafío: jóvenes
y no tanto ponen en riesgo sus vidas para lograr el
objetivo, pérdida de cabello, desórdenes
menstruales, desmayos, problemas cardíacos son
algunos de los síntomas con los que se enfrentan,
el fanatismo guía los pasos de lo que suponen
belleza.
Belleza, que no deja de ser un bien efímero,
el culto de la belleza externa tiene el riesgo del olvido
de la interna, belleza que dejará de brillar
si no cultivamos la mirada, la sonrisa, su luz no es
eterna y pasa sin que nos demos cuenta. Seamos mujeres
bellas, bellas por dentro.
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