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ENSAYO
SOBRE DON JUAN
Por el Dr. Adrián Sapetti. Médico psiquiatra,
sexólogo.
“El mito es el sueño colectivo, y el sueño
el mito privado”, Joseph Campbell.
Fuente de inspiración
para muchos autores, la figura de Don Juan ha
ganado muchos seguidores en la realidad cotidiana. Para
estos
personajes narcisistas, enamoradizos e inescrupulosos,
amados y
envidiados tanto como odiados, todo vale a la hora de
conquistar a una mujer. Sus orígenes literarios
y una mirada en su psicología nos permitirán
comprender mejor a estos seres seductores pero temibles,
a los que se les puede asignar aquella frase de Oscar
Wilde: siempre terminan destruyendo lo que aman.
Don Juan en el arte
• En la Literatura.
El personaje de Don Juan no tiene realidad histórica,
aunque se haya inspirado en seres con existencia real.
A diferencia de Giovanni Jacopo Casanova (que es otro
paradigma del eterno seductor), un veneciano que escribió
sus memorias describiendo hazañas eróticas
de todo tipo -casi gimnásticas-, el Don Juan
es una creación literaria.
Muchos escritores se dedicaron a él, entre los
que se cuentan genios de la talla de Corneille, Molière
y Rostand en la lengua francesa; lord Byron -que con
este tema escribió un poema épico- y Bernard
Shaw en la inglesa. Pero la versión más
conocida por nosotros, quizás la primera, es
la del escritor y monje español Tirso de Molina,
quien nació en el siglo XVI. Se la conoce como
“El burlador de Sevilla” y en ella, entre
otras andanzas, se nos cuenta que Don Juan mata al comendador
de esa ciudad cuando éste quiere vengar el honor
mancillado de su hija.
Luego, en el curso de una cena, en una de sus tantas
bravuconadas, invita al espíritu del asesinado
a que se presente, ya que él no teme su venganza.
En realidad, la que se presenta a la fiesta es la estatua
erigida en homenaje al comendador de Sevilla: es el
famoso “convidado de piedra” que termina
enviando al infatuado personaje a los infiernos. Dentro
de la lengua española hay otro autor, José
Zorrilla, quien retoma esta obra, pero termina redimiendo
a Don Juan Tenorio al esposarlo con su verdadero amor,
Doña Inés.
• En la Música.
Los músicos
no estuvieron exentos de la fascinación que produce
esta figura; grandes compositores como Gluck y Richard
Strauss le rindieron culto con sus obras. Sin lugar
a dudas el caso más famoso es la ópera
Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart quien, con libreto
de Lorenzo Da Ponte -quizás influenciado por
Tirso de Molina-, compuso esa obra inmortal donde el
protagonista también es enfrentado por la estatua
de piedra y condenado al fuego eterno.
La ópera introduce al joven Leporello, que siempre
acompaña a Don Giovanni, y en quien algunos han
querido ver, cual alter ego, una vertiente homosexual
del eterno seductor. Leporello es quien nos dice:
“Un catálogo tiene que yo he hecho;
observad, leed conmigo.
En Italia seiscientas cuarenta;
en Alemania, doscientos treinta y una,
cien en Francia, en Turquía noventa y una.
¡pero, en España, pero en España
ya van mil tres, mil tres, mil tres!”
Algunas interpretaciones sobre el donjuanismo
Los donjuanes cotidianos
se asemejan mucho al de la ficción; son individuos
que necesitan seducir todo el tiempo, que aparentemente
se enamoran del sujeto amado, pero una vez que lo han
conseguido lo abandonan. No pueden quedar fijados en
una persona determinada. Al igual que el personaje mítico
son anarquistas del amor (1). Ignoran la felicidad,
la virtud y la decencia. Consideran válida cualquier
arma para conquistar, son los que dicen: en la guerra
y en el amor todo vale, ya que los sentimientos hacia
la otra persona no son tenidos en cuenta.
Sólo les interesa el instante de placer y el
triunfo permanente sobre la mujer que someten y el marido
o novio que logran burlar. El escritor mexicano Carlos
Fuentes, en su libro “Terra Nostra”, pone
en boca de Don Juan esta frase: “porque ninguna
mujer me interesa si no tiene un amante, marido, confesor
o Dios al cual pertenezca y si al amarla no mancillo
el honor de otro hombre”.
• El varón con conductas donjuanísticas
percibe al amor como algo deportivo, como una competencia
permanente y esto lo vemos en el personaje literario
que juega apuestas con otros varones desafiándolos
a que traten de conquistar mayor cantidad de mujeres
que él. En la ópera de Mozart, Don Giovanni
lleva una larga lista -como narraba antes el joven
Leporello- donde anota los nombres de sus seducidas.
• Una teoría interesante, se refiere
a los sentimientos homosexuales latentes del Don Juan
(2) quien, al llevarse a la cama a la mujer de otro,
también estaría acostándose con
el esposo o novio ultrajado. En Casanova, Caballero
de Seingalt (como gustaba de llamarse a sí
mismo), también aparecen rasgos sexuales equívocos
en sus amores con mujeres trasvestidas como varones
o muchachos jóvenes (3). Su narcisismo extremo
lo lleva a revelar su esencia: “Pensé
en casarme con ella cuando la amaba más que
a mí mismo, pero cuando me alejé de
su lado descubrí que el amor que sentía
por mí mismo era más fuerte que el afecto
que ella me había inspirado”. De esa
manera, nos dice el psicólogo y sexólogo
Roberto Rosenzvaig, “su aparente hedonismo de
carácter absoluto oculta el desprecio por el
placer compartido, porque su acción se convierte
en un monólogo narcisista. Según Foucault
los dos grandes sistemas de reglas que Occidente ha
concebido para regir el sexo - la ley de la alianza
y el orden de los deseos- son destruidos por la existencia
de Don Juan”. (4)
• Otra hipótesis más conocida
atribuye al seductor crónico la búsqueda
desesperada del personaje materno y el intento de
recuperar a la madre en cada mujer. Pero, si esto
se concretara en sus fantasías edípicas,
inmediatamente tendrían que abandonarla porque
de lo contrario significaría mantener relaciones
con la mujer que lo ha traído al mundo, lo
que los lleva a su eterna dificultad de amar a quien
desean: son los que, acuciados por el fantasma del
incesto, “cuando aman no pueden anhelar, y cuando
anhelan no pueden amar”, en las palabras de
Freud (5).
• El estilo seductor puede tomar los rasgos
de una verdadera compulsión; en este sentido
es que el psicólogo Stanton Peele los define
como adictos, en el sentido de que la adicción
“es una experiencia nacida de la respuesta subjetiva
y rutinizada de un individuo a algo que para él
tiene un significado especial, algo que le da tanta
seguridad y confianza que sin ello no puede vivir”
(3). El mito descubre así “una característica
del imaginario erótico masculino, corporizado
en la posesión, la dominación y el libertinaje,
que habría de campear hasta nuestro propio
siglo y sobre la que se fundamenta la conquista compulsiva”
(4).
• A pesar de que el escritor Albert Camus decía
que Don Juan se enamoraba de todas las mujeres, quizás
intuimos que él cree estar enamorado; pero
ese sentimiento es algo tan fugaz, que podríamos
sospechar que nunca lo está. En todo caso constituye
un deseo de tipo platónico: como verdadero
amor nunca llega a concretarse. Platón decía
que uno desea lo que no tiene; es lo que pasa con
el Don Juan: una vez que posee lo que deseaba ya no
le interesa más. Lo mismo ocurre si la mujer
se enamora de él, esto es suficiente para que
él la abandone. A veces ni es necesario que
hayan mantenido relaciones sexuales, basta que le
demuestre que estaría dispuesta a hacerlo para
que se torne una victoria para él. Si la mujer
que elige como presa le es indiferente, o no cede
ante su artillería seductora, el Casanova se
vuelve obstinado. Lo más probable es que si
lo rechazan se encapriche y, valiéndose de
todas sus artes, insista hasta conquistarla. (6)
¿Es el Don Juan una persona feliz?
Siguiendo con los arquetipos podemos citar el caso de
Casanova, quien vivió sus últimos años
en la ruina, olvidado en una biblioteca pública
donde trabajaba como empleado, sin amigos, sin familia,
sin dinero (7). Y no debemos olvidar que el Don Juan
literario termina condenado a los infiernos.
• Si nos remitimos a la realidad, llegada cierta
etapa de su vida, el Don Juan se encuentra con una
limitación física para sostener su seducción;
ya no puede resistir el ritmo de una maratón
amatoria. En el film de Scola, “La noche de
Varennes”, vemos a un Casanova ya viejo -interpretado
por Mastroianni-, quien se encuentra con una mujer
joven que queda prendada de él, o quizás
de su fama, y el eterno seductor, ya vencido, le dice:
“te encontré demasiado tarde en la vida
y vos me encontraste demasiado temprano”. Al
final, después de tanto seducir y abandonar,
se encuentra con la soledad y esto comienza a pesarle.
Me estoy refiriendo a un sujeto de 40 a 50 años.
Muchos de ellos, pese a la edad, siguen viviendo con
su madre, lo que corrobora la interpretación
edípica del donjuanismo. La madre es la única
mujer que no ha podido timar y, de alguna manera,
se ha casado con ella.
• Los donjuanes suelen divertirse con el sufrimiento
ajeno: tienen razón las mujeres que los tildan
de desalmados. Al menos no consideran al amor de la
manera profunda y comprometida con que lo hace el
común de la gente. Para ellos no existe el
amor perdurable que motiva al otro, que enaltece;
el suyo es un amor fugaz, que destruye (6). Esto se
explica porque, en su seducción indiscriminada,
estos seres no ven a las personas como tales, sino
como personajes de sus propias fantasías; son
los objetos de un botín al que aspiran.
• Para el Don
Juan no siempre es imprescindible la posesión
sexual; si sólo le bastara lo carnal, aceptaría
mantener relaciones con prostitutas, sin embargo éstas
son mujeres a las que no les interesa seducir. Salvo
estos casos, las demás le dan lo mismo: lindas
o feas, jóvenes o viejas, exitosas o desdichadas,
todas son iguales ante sus ojos. Lo más importante
es el sometimiento de la voluntad. Por su narcisismo
incorregible basta que una mujer le evidencie su entusiasmo,
su admiración hacia él, que lo haga
sentirse irresistible, para que goce con su aventura.
Desde el lado femenino podría decir que, tengan
o no una aventura con ellos, se sienten atraídas
en un primer momento o, por lo menos, consideran interesantes
a estos personajes. Es que el Don Juan vive seduciendo:
si está reunido con amigos y llega una mujer,
de inmediato cambia de actitud. Su instinto lo pone
en alerta, le previene que ha llegado una presa.
• No necesariamente, aunque en el imaginario
colectivo se lo vea así, ser un Don Juan significa
tener más aptitudes para la sexualidad. El
mérito mayor, si es que lo tiene, es su facilidad
para halagar la sensibilidad femenina: saben darle
a cada mujer lo que ella está necesitando.
En este sentido son personajes camaleónicos
que se metamorfosean con la persona que tienen al
lado: perciben muy rápido los gustos, debilidades,
preferencias y carencias de la mujer, y con esos datos
manejan la relación. Con respecto a la sexualidad
habría, en todo caso, una mayor actitud que
aptitud. No se trata de que sea un superamante o un
superdotado, sino de su habilidad especial para captar
el tiempo sexual de su compañera.
• Hay quien podría pensar en una manifiesta
inmadurez afectiva en estos personajes. La crisis
que suelen tener cerca de los 50 se enlaza con su
mundo de afectos insatisfecho, devastado. A esa edad,
quien hasta ese momento sólo había sabido
seducir y abandonar, se da cuenta que sus amigos están
casados, que no tiene hijos, quizás sus mayores
han muerto, y él ya no puede gozar de tanta
compañía femenina como a los 20 o 30.
A esto se suman los comentarios sobre su persona:
”¿Cómo puede ser que todavía
no se haya casado?”. Tras esta pregunta puede
aparecer el fantasma de la homosexualidad y comienza
a tambalear su imagen social de la que tanto alardeaba
(una característica de estos individuos es
pavonearse con sus hazañas). Todo esto deriva
en conflictos que evidencian su fragilidad emocional,
sus carencias afectivas, su inmadurez para mantener
una relación de pareja fuera de los parámetros
a los que estaba acostumbrado. Si bien hay casos en
que esta crisis los lleva a replantearse su existencia
y desean formar una familia, hay otros que llegan
a los consultorios buscando - como decía un
paciente- “que le vuelvan a dar energía
para continuar en carrera”. Si recuperan su
autoestima algo alicaída, se ríen de
los comentarios que los llevaron a ese trance y quieren
seguir con sus conquistas. Otros, los más sensibles
e inteligentes, quieren asentarse y tener hijos; se
sienten urgidos por la edad y buscan ayuda para encaminar
sus vidas (6).
• Para lograr lo anterior deben cambiar la imagen
que tienen de la mujer ya que son machistas, con una
visión distorsionada de las mujeres. De hecho,
el sexo femenino es algo que Don Juan manipula a su
antojo para conseguir satisfacción. Él
justifica esta actitud desamorada con una explicación
muy práctica: “ya no siento eso que sentía,
lo que hubo entre nosotros se acabó, debo buscar
algo nuevo”. Se podría suponer en una
vertiente fóbica en estos personajes, con una
necesidad de poner distancias en los contactos afectivos
duraderos, ya que serían vistos como una amenaza
de castración. Lo cierto es que, en algunos
casos, la fobia ante la figura femenina -objeto fobígeno
por excelencia para el Don Juan- es trasmutada en
una actitud de embeleso y seducción permanente.
Conclusiones
Hay quienes piensan que son unos triunfadores en el
campo amoroso tanto como en otro orden de cosas, pero
no confirmaría tal paralelismo. Si bien el Don
Juan cree dominar a la perfección las artes amatorias,
puede no tener la misma habilidad para estar al frente
de un negocio, seguir una carrera universitaria o asumir
el compromiso de la paternidad. Su elemento fundamental,
su materia básica y leit motiv existencial es
la seducción, donde los demás lo suponen
un experto.
Pero los años pasan y si con 60 pretende seducir
a mujeres de 20, no va a tener mucho éxito y
quedará ridiculizado, fuera de contexto. Lo que
hacen otros Casanovas es guardar el espíritu
guerrero para una que otra ocasión en la que
se permiten un desliz. Pero antes que nada se aseguran
una buena contención afectiva a través
del matrimonio y la paternidad: algunos llegan a ser
excelentes padres.
Otro aspecto a destacar es la actitud frente al mundo
varonil: también seduce a sus compañeros
desde su virilidad, contándole sus hazañas,
presentando sus nuevas conquistas. Si la reciente aventura
del eterno seductor es joven y bonita, y el amigo del
Don Juan es casado, se produce la combinación
ideal para que nuestro personaje se convierta en un
ideal del yo, porque él impresiona como logrando
todo lo que el otro no puede. Esto se acentúa
en una sociedad patriarcal y falocéntrica, es
por ello que causan tanta fascinación. Él
sabe y puede, al menos en lo que a conquistas amorosas
se refiere. En cuanto al contacto auténtico y
hondo, enaltecedor, de solidaridad, compañerismo,
amor y compromiso, termina siendo un patético
fracaso.
Bibliografía
(1) Sapetti, A.; Rosenszvaig R.: Sexualidad en la pareja.
Editorial Galerna, 1987, Bs. As.
(2) Kaplan, H.; Sadock, B.; Grebb. J.: Synopsis of Psychiatry,
7th edition. Williams & Wilkins, 1994, Baltimore,
USA.
(3) Rosenzvaig, R.: La pareja al desnudo. Editorial
Sudamericana, 1994, Bs. As.
(4) Rosenzvaig, R.: Los fantasmas del amor. Editorial
Sudamericana, 1996, Santiago de Chile.
(5) Freud, S.: “Sobre una degradación general
de la vida erótica”, en Ensayos sobre la
vida sexual y la teoría de las neurosis. Obras
completas, Editorial Biblioteca Nueva, 1948, Madrid.
(6) Sapetti, A.: Los varones que saben amar. Editorial
Galerna, 1996, Bs. As.
(7)Trachtenberg, P.: El complejo de Casanova. Editorial
Sudamericana, 1992, Bs. As.
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