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LA
EDUCACIÓN SEXUAL
Amémonos sin tasa
ni medida puesto que para amar hemos nacido.
Adora mi gorrión cual yo tu nido pues sin ellos
¿valdría algo la vida?
Y si aún luego de ésta extinguida fuese
posible amar, bien querido,
a gritos pediría el bien perdido para seguir
gozándote todavía.
Pietro Aretino (1492-1556)
A pesar de que hay quienes afirman que siempre ha existido
algún tipo de educación sexual en nuestros
medios, podríamos pensar que se confunden los
términos y, en realidad, de lo que se está
hablando es de la socialización sexual, entendida
como una manera de transmitir a los niños, jóvenes
y adultos un determinado modelo de sexualidad: valores,
juicios, prejuicios, mitos, sin ningún tipo de
intencionalidad de cambio.
Cuando de sexo no se hablaba, ni estaba permitido o,
más claramente, se lo prohibía o reprimía,
eso también era una manera de socializar pero
no con el concepto actual de educar. Tal vez el silencio
y el silenciar son una manera de comunicar algo: el
concepto de “eso no se mira, eso no se dice, eso
no se toca” era ciertamente, y lo sigue siendo,
una ideología pero sin finalidad educativa, ya
que ésta implicaría una estrategia y un
desarrollo particular.
“Eso
no se mira, eso no se dice, eso no se toca”
Los padres son los primeros
educadores pero no lo son exclusivamente por explicar
detalladas cuestiones anatómicas y fisiológicas
sino por ser modelo de actitudes (si, por ejemplo, los
padres de un niño no se muestran como una pareja
cariñosa, es en vano que le expliquen al pequeño
que debe ser afectuoso cuando sea grande).
Sería algo limitado centrar todo el tema de la
educación sexual exclusivamente en los padres
sino que los docentes, los religiosos que están
en contacto con la sociedad, los medios de comunicación
masiva, los profesionales, participan de una u otra
manera en el proceso de formación sexual y no
sexual en los niños y adolescentes.
La educación sexual no es sólo una explicación
de cómo son los genitales, ni de las prevenciones
ante las infecciones de transmisión sexual o
cómo evitar un embarazo ni de indicar a la gente
ciertas posiciones, sino también que, y quizás
esto parecerá obvio, el sexo va ligado al goce
y al placer. Si observamos en detalle veremos que lo
que siempre se ha prohibido o castigado es la sexualidad
placentera.
Entonces no deberíamos manejarnos con normas
rígidas e inmutables. No hay una sola moral como
no hay una sola ética. Por ello hay un punto
polémico: ¿qué decir?, sin caer
en una concepción maniqueísta (“aquí
está el mal, acá el bien”), ya que
entran en juego ideologías contrapuestas. Un
ejemplo lo vemos en cómo deben ser las mujeres
y cómo los varones: cuál debería
ser el rol y la identidad de cada uno de los sexos.
“Padre, patrón, padre eterno”.
Los varones no se han
escapado de una conformación de lo que debían
ser: fuertes, agresivos, triunfadores, siempre listos,
ganadores, activos, dominantes... Esto también
ha sido una manera deliberada de transmitir información
sexual.
Una de las asociaciones peligrosas y falaces es ligar
la educación sexual con lo antirreligioso, lo
ateo y materialista, la pornografía, la droga,
la disolución familiar y social. Creemos que
el amor, la no discriminación y el respeto son
básicos en las relaciones, incluyendo las sexuales.
Los valores de la gente no deberían ser demolidos
contraponiendo sexo por un lado, religión y convicciones
por otro.
Es un reduccionismo simplista
ligar la necesidad de la educación sexual con
el auge de la pornografía o con un mayor consumo
de drogas, negando sinceros deseos de la gente de saber
más sobre sexualidad humana y de disfrutar mejor
del amor y el erotismo.
Dr. Adrián Sapetti
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