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Mujer
y vital: ¿Una nueva exigencia?
La licenciada Liliana Vazquez, psicóloga y socióloga,
reflexiona en
esta nota sobre el modelo de mujer de este nuevo milenio
y su desafío más angustioso: la búsqueda
afectiva.
Invitada a escribir un artículo
en esta página Web, y quizás por ciertos
tics profesionales, que uno no olvida, me interrogué
el nombre que da lugar
a este espacio virtual.
Mujer y vital…., los modelos sociales actuales
parecen no dar tregua, la serie “Sex and the City”
ícono de esta femineidad del nuevo milenio, nos
muestra modelos a seguir. Cuatro mujeres espléndidas,
que enfrentan el sexo sin tabúes aparentes, excelentes
en sus profesiones, alertas frente a los últimos
descubrimientos estéticos. Son los semblantes
que la sociedad construye como ideales de las mujeres
de hoy.
Entonces nosotras -“vitales” hijas de aquellas
luchas feministas y de los estudios de género,
que proponen la apropiación de la mujer y de
su experiencia subjetiva, mediante la exploración
de su cuerpo, la expresión de sus deseos sexuales,
esta vez por fuera de la sexualidad heterosexual hegemónica-
sostenemos la sexualidad de la mujer como distinta a
la del varón. Aparece un cuerpo femenino erotizado
en la totalidad de su superficie, se reivindica la excitabilidad
del clítoris frente a la vagina.
Las mujeres de cualquier
edad, masculinizan sus prácticas sexuales, en
pro de una liberación que no ha sido deconstruida
en lo que tiene de imposición y de negación
de experiencias propias (orgasmo obligatorio, genitalidad,
promiscuidad, negación del afecto). Hasta la
misma manera de nombrar la sexualidad se ha modificado,
ya no "se hace el amor" –concepto que
no se escucha, por obsoleto- sino que "se tiene
sexo", se "quiere sexo", se "practica
sexo".
Por otro lado, las jóvenes
y adolescentes, por primera vez en la historia no desean
unirse a un varón como único destino,
sino que tienen como meta la independencia laboral,
exploran su sexualidad con más libertad que nunca.
En el proceso descrito, el sexo se ha separado del afecto.
Esta banalización de lo sexual ha dejado al varón
y a la mujer solos frente al otro. Pareciera que se
busca un cuerpo, no una persona. Es así que la
búsqueda más angustiosa de nuestro tiempo
no es la sexual, sino la afectiva.
El individualismo como
ideal ha traído consigo la negociación
de las necesidades de compromiso. La negación
ha pasado de lo sexual a lo afectivo. Además,
las mujeres emancipadas han izado la bandera de su soltería.
Para ellos las cosas no son más fáciles:
tienen problemas con la intimidad y el compromiso. Esta
identidad amenazada les separa aún más
de las mujeres, buscando en los amigos una comunidad
de iguales en los que apaciguar su crisis identitaria.
La búsqueda de amor choca con las dificultades
de este individualismo extremo, con la amenaza que la
intimidad supone para los sujetos, con el temor a la
dependencia.
Nuestra mujer vital
hoy se sigue preguntando, como otrora, cómo ser
amada siendo singular en el universo de las otras, las
formas serán nuevas, la búsqueda es la
de siempre en el insondable misterio de la femineidad.
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