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¿LA
OBESIDAD DIFICULTA LAS RELACIONES SEXUALES?
Por el Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra,
sexólogo clínico, Presidente de la Sociedad
Argentina de Sexualidad Humana, Director del Centro
Médico Sexológico, TE: 4552-0389/ 4555-6865,
autor de “Los senderos masculinos del placer”
(Editorial Galerna).
Director del sitio www.sexovida.com
“Tenemos de alguna manera dos cuerpos superpuestos
sobre los mismos órganos. El placer sexual no
está simplemente ligado a la función de
los genitales; la boca sirve tanto para besar como para
comer y para comunicar la palabra... Se confirma entonces
que no es fácil para nadie servir a dos amos
a la vez.”
Jacques-Alain
Miller
CUERPO, IMAGEN Y SEXUALIDAD
Es bastante común que nos pregunten si la obesidad
dificulta las relaciones sexuales. Si bien muchos obesos
no tienen problema alguno, en general la obesidad puede
representar una doble problemática: desde el
punto de vista de la salud y de la estética.
Algunos obesos nos refieren que evitan los encuentros
eróticos para "que no los vean así",
y de tal manera ocultan su cuerpo, no deseando que los
observen desnudos; también hay otros en quienes
la "gordura" es un mecanismo de defensa para
evitar los encuentros afectivos y eróticos: "como
estoy gordo/a no puedo entablar un vínculo",
cuando la dificultad es previa al sobrepeso. Obviamente
que, si bien Eros sucumbe ante estos conflictos con
la corporalidad, no podemos dejar de mencionar que el
excesivo peso representa un factor de riesgo cardiovascular
(en mayor medida en el varón, aunque en la menopausia
la mujer se equipararía al varón).
Hay un concepto mítico de “los gordos como
seres alegres, felices, que gozan de la vida y el sexo”
y, tal vez, sea así en algunos casos. Pero si
hablamos de la obesidad franca y no de "unos kilos
de más", es sabido que aumenta la morbi-mortalidad,
lo cual cuestionaría el mito del “gordito
que no tiene problemas”.
LOS PROBLEMAS MÁS FRECUENTES
• Bullying. Algunos sectores de la sociedad discriminan
a los obesos de ambos sexos con actitudes humillantes
o vejatorias: en el colegio (donde son objeto de bullying
-hostigamiento escolar, “toreo, verdugueo”-
por parte de los compañeros; en la universidad;
en el ámbito laboral o familiar; causando sentimientos
de inferioridad, exclusión y depresión,
que llevan, en algunos casos, a un descuido general
en la apariencia y a complicar aún más
la sexualidad.
• Deseo sexual hipoactivo. Las
relaciones sexuales también se dificultan por
vía indirecta: baja autoestima, rechazo a su
propio cuerpo y a la compañera o compañero,
sentimientos de desvalorización ("sé
que a él no le gusta más mi cuerpo",
suelen decir), lo que muchas veces se trasunta en una
disminución de la libido y en deseo sexual hipoactivo
que es una de las consultas sexológicas más
frecuentes en las mujeres. En el varón, incide
tanto en lo estético como en el mayor padecimiento
de enfermedades cardiovasculares.
Las causas hormonales de la obesidad no suelen ser las
más frecuentes aunque sabemos que el hipotiroidismo
-más común en mujeres- puede traer aparejado
un doble efecto: aumento de peso y disminución
del apetito sexual. La caída de la testosterona
también acarrea pérdida de la masa muscular
y feminización corporal en los varones (por ejemplo,
la ginecomastia, que es el aumento del tamaño
de los senos en el varón).
• Hay grados de obesidad en que,
los varones, no llegan a verse los genitales por la
adiposidad abdominal y se dificultan ciertas posiciones
coitales. Suelen tener tan desajustadas las variables
metabólicas (colesterol y triglicéridos
altos, diabetes -incluso sin tratar-, hipertensión)
asociadas a la vida sedentaria que, en muchos casos,
deriva en un cuadro de impotencia franca (no olvidemos
que en la respuesta erectiva hay un componente vascular
importante) la cual, por supuesto, debe ser tratada
específicamente, más deben corregirse
los factores de riesgo como condición indispensable;
al punto que los tratamos en conjunto con los nutricionistas
y clínicos.
LOS RIESGOS DE LA OBESIDAD
• La obesidad no es solamente un problema estético
sino fundamentalmente sanitario. En un trabajo sobre
Sildenafil y factores de riesgo presentado en el Congreso
de la American Psychiatric Association –APA- (Chicago,
2000) en más de 90 pacientes, se demostró
cómo Sildenafil era más efectivo si no
había factores de riesgo mayores (FRM): entre
ellos estaba la obesidad, que casi siempre va acompañada
con hipertensión arterial (HTA), sedentarismo,
colesterol alto, a veces diabetes.
• La obesidad opone una mayor resistencia al corazón
y a las arterias constituyendo un factor de riesgo para
la hipertrofia cardiaca, las enfermedades coronarias,
la disfunción sexual y la hipertensión
arterial. No nos olvidemos que nuestro aparato cardiovascular
está diseñado para una determinada superficie
y peso. Cuando el peso es mayor a un 25-30% (lo que
constituye la obesidad franca) le ofrece una pared por
delante y el corazón se esfuerza.
• Respecto al peligro en las relaciones sexuales
el consenso es que una persona con varios factores de
riesgo cardiovascular puede padecer un evento cardiovascular
durante el acto si, por ejemplo, al subir dos pisos
por escalera a paso rápido (esfuerzo similar
al de un coito) presenta dolor en el pecho o fuerte
fatiga (sensación de falta de aire marcada) o
no alcanza a 6 Mets en la ergometría. Ahora,
si este obeso puede realizar ese esfuerzo o más
(algunos hacen danzas, gimnasia aeróbica, fútbol,
tenis, llegando o superando los 6 Mets) sin síntomas,
no habría este tipo de problemas con las relaciones
sexuales. Obviamente que si aparecen palpitaciones o
le sube la presión arterial (detectado a veces
por fuertes dolores de cabeza ubicados generalmente
en la región cervical posterior) debería
suspender el acto.
• Pueden utilizarse posiciones con menos gasto:
como ser él abajo, boca arriba, y que la mujer
sea la que se mueva (o al revés si es mujer la
que tiene problemas), y disminuir la intensidad del
bombeo o del movimiento pélvico. De todas maneras
los obesos y obesas deberían hacerse controles
médicos por razones de salud general, no sólo
por su vida sexual.
"Este síntoma de la
impotencia me salvó la vida, porque no hubiera
consultado al médico por la obesidad, por
el colesterol alto ni por el tabaquismo, y menos
por mi vida sedentaria. Me doy cuenta de que me
había abandonado".
J. C., 48, un paciente |
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